América o los engranajes de la servidumbre


Los "avatares" inherentes al comercio de seres humanos convierten los viajes hacia las Américas en algo particularmente arriesgado. Los dos meses de travesía no se libran en muchos casos de revueltas, epidemias o suicidios. Para más seguridad, los hombres están separados de las mujeres y los niños, mientras que al equipaje se le exige una estricta disciplina.

 

 

DISENTERÍA, ESCORBUTO, FIEBRES TIFOIDÉAS....

 

Después de dos largos meses de travesía, los navíos llegan a Santo Domingo, en las Antillas. Se "descarga" a los cautivos inmediatamente para prodigarles ciertos cuidados destinados a mejorar su Estado de salud. La ausencia de higiene, la falta de aireación en las bodegas, así como la subalimentación contribuyeron a propagar, durante el trayecto, numerosas enfermedades infecciosas, que las salidas al puente, cuando las condiciones meteorológicas lo permitían, no consiguieron prevenir. De este modo, se multiplicaban los casos de diarrea, de disentería, de escorbuto, de fiebres tifoideas o de sífilis, de los que la tripulación tampoco se libraba. El anuncio de la subasta, que tenía lugar en el puerto y se acompañaba de una descripción de las "mercancías", corría a cargo del capitán.

 

 

Extracto del diario de un propietario de una plantación:

 

 

"Yo tenía importantes proyectos para desarrollar mi plantación. La demanda de azúcar era cada vez más importante conforme los navíos hacían escala. Ese día, habían anunciado una subasta en el puerto: un cargamento de negros procedentes de las costas congolesas. Otros propietarios de la región y yo mismo acudimos a esta venta: era para mi la ocasión de poder remplazar a una veintena de negros que había perdido durante las últimas semanas a causa de la fiebre (amarilla).

 

La mercancía expuesta tenía buen aspecto, había negros con una altura y una constitución adecuadas para convertirse en buenos esclavos y negrazas que podrían cocinar o realizar trabajos domésticos, y las más robustas, tareas en la plantación.  La carga comprendía, asimismo, algunos negrillos que podrían ser compañeros de juego de los niños

 

Fundamentalmente, estoy buscando una decena de negros, para seguir con los trabajos que hay que hacer en la plantación y un negrillo para mi hijo. Pero hoy es un mal día, sólo puedo adquirir tres negros y el negrillo para mi hijo. Demasiado caros para mi, las subastas han aumentado los precios. Es cierto que todas las plantaciones de la región han sufrido estos últimos meses de un exceso en el índice de mortalidad de los negros.

 

Esperemos que mañana pueda negociar con el capitán una venta de 300 toneles de azúcar y sacar un buen precio. Tiene reputación de ser duro en negocios”.

 

 

NEGOCIACIONES Y VIAJE DE VUELTA

 

Una vez que la venta de esclavos terminaba y era consignada en los libros de cuentas (diario de la trata, diario de venta de los Negros y compras de vuelta, libro de facturas y gran libro de a bordo), el capitán del navío negociaba y compraba productos coloniales, tales como: azúcar, índigo o café. Las negociaciones y el cargamento podían durar de dos a tres semanas. Entonces se iniciaba el viaje de regreso a Nantes, es decir una travesía de dos a tres meses.  Los marineros podían por fin, reencontrar a los suyos después de un periplo de dieciocho meses. Los productos era tratados y refinados en Nantes antes de ser distribuidos por toda Europa.

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