Después de dos meses de navegación hacia las costas africanas, los navíos entran en el Golfo de Guinea donde se han establecido las factorías para el comercio internacional negrero. Fueron creadas y administradas por la Compañía de la Indias occidentales a partir de 1664, después por la Compañía de Senegal (1673) y por último por  la Compañía de Guinea (1685). Estas estructuras se agruparon bajo la apelación de Compañía de Occidente en 1718.

 

Las principales factorías negreras (Santa Caterina, Mayumba, Quiloa, Loango, Malembé, Cabinda y Ambriz) se afincaron en las costas del antiguo reino del Congo y de Angola.

 

 

 

              Extracto de las memorias de un cautivo:

 

"Han venido a nuestro pueblo armados para sorprendernos al alba. Sin saber lo que querían, nuestro jefe ha ido a su encuentro; pero al ver que sus intenciones eran malas, hemos comprendido rápidamente de que debíamos tomar nuestras armas para defendernos.

 

Desgraciadamente para nuestro pueblo, los asaltantes habían preparado minuciosamente su estrategia. Completamente rodeados no pudimos  hacer frente a los ataques.

 

Yo me defendía lo mejor que podía, protegiendo a mi mujer y a mi hijo de las acometidas. Agotado ante todos aquellos agresores, no pude resistir durante mucho tiempo. Entonces me llevaron cautivo, junto a mi mujer, mi hijo y el resto de vecinos del pueblo. Nos ataron y nos condujeron hacia la costa, allí donde amanece, donde comienza el mundo desconocido más allá de la tierra.

 

Nos clasificaron: hombres, mujeres y niños, separados y bajo la vigilancia de un blanco, después nos encerraron en compartimentos. Y tuvimos que esperar varios días, varias semanas antes de que llegara el gran buque.

 

Ese gran navío de velas blancas, es mucho más grande que todas las piraguas de nuestro pueblo. En ese momento, comienza nuestro viaje hacia el infierno. Tienen que negociar nuestro precio de compra con el príncipe (un intermediario, hijo del rey) y con el "mafouc" (el gran administrador del Reino): un ser humano a cambio de mercancías (tejidos, agua coloreada que marea, bolas de cristal). En cuanto las negociaciones terminan, un hombre se acerca a nosotros y nos palpa todo el cuerpo, nos mira los dientes y nos marca con un hierro candente en el hombro izquierdo. Después, a nosotros, los hombres, nos atan los unos a los otros con cadenas que enlazan collares y grilletes, luego nos embarcan por la fuerza en el gran navío, en cuyas entrañas nos encontramos todavía atados. Encerrados, colocados como si fuéramos mercancía vulgar, esperamos el momento de la partida. Pienso en mi mujer y en mi hijo a los cuales no he podido volver a ver desde nuestra separación. ¿Están vivos? ¿Están juntos? Mi inquietud es tal, que no puedo responder a todas las preguntas que me planteo.

 

Un día notamos que el gran barco se movía. Empezaba el viaje hacia lo desconocido: que para mí significaba un viaje sin retorno."

 

Los viajes a las Américas se consideraban viajes de riesgo, debido a que el comercio de seres humanos conllevaba una parte de imprevistos como: revueltas, epidemias, suicidios. La travesía duraba dos meses, cuidando de que se respetara la separación entre hombres, mujeres y niños y manteniendo el orden y la disciplina entre la tripulación.

Rumbo a África 

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