Considerada por los armadores como una actividad comercial como cualquier otra y como un medio para diversificar sus fuentes de beneficios, la trata de esclavos se desarrolla rápidamente, instaurando reglas estrictas por la naturaleza misma de las "mercancías". Hay diferentes reinos que se interesan en esta actividad y ponen en servicio Compañías con el fin de conceder permisos de negocio y crear “factorías de esclavos” en las costas africanas. Varias ciudades portuarias como Nantes, Burdeos, Liverpool o Lisboa fletan buques privados para transportar personas y mercancías: los buques negreros. Según documentos hallados en los archivos: "para realizar este tipo de comercio con cierto éxito conviene utilizar navíos de 300 a 400 de toneladas, con diez pies de calado y cuatro pies y cuatro pulgadas de altura de entrepuente, franc-bordo o bajo los barrotes, con el fin de poder embarcar la cantidad de agua necesaria para la carga de los Negros y del equipaje y ser capaz de establecer, aproximadamente, dos filas de esclavos, en el entrepuente.

 

 

UNA MERCANCÍA FRÁGIL

 

.Los barcos negreros no son ni navíos de comercio tradicional, ni navíos de guerra deber aunar: transporte y rapidez debido a la "fragilidad de la mercancía". El éxito de la empresa depende de las condiciones de navegabilidad y ante todo de la duración de la travesía cuya reducción conlleva una disminución de la mortalidad y del consumo de agua.

 

En Nantes, la salida de cada navío se preparaba minuciosamente: se embarcaban víveres y pacotillas en las gabarras, en el puerto; se hacía el trasbordo a Paimboeuf (el barco atracaba aquí en razón de su calado), se verificaba la carga y se completaban las formalidades administrativas ante las autoridades locales. La salida de los navíos hacia África se producía en cualquier época del año, según las necesidades del comercio internacional.

 

 

Extracto de un código comercial de un armador nantés:

 

Cada salida de barco debe ser preparada minuciosamente y de la siguiente manera:

 

1er día: embarque de los víveres, del agua (para el equipaje y los negros) y de las pacotillas, en las gabarras del puerto de Nantes.

 

2º y 3er días: transbordo de los víveres del agua y de la pacotilla al buque en Raimboeuf (el barco atracaba aquí el debido al calado).

 

4º día: verificación de la caga y formalidades administrativas por parte de las autoridades locales.

 

Estas formalidades son obligatorias porque permiten obtener un permiso que menciona las siguientes informaciones: el nombre y el puerto de amarre del navío, el nombre del capitán, el objeto del viaje, el lugar de destino y el de regreso.

 

A cambio, hay que pagar una fianza por el embarque de la pacotilla y un seguro para el navío y la carga en caso de pérdida sin compensación a lo largo del viaje. Hay que tomar ciertas precauciones ya que este tipo de comercio no está exento de riesgos.

 

5º día: adelanto de parte de la paga para el equipaje, cada vez que se larguen amarras, tal y como se estila; pero se trata, también, de una garantía para el buen funcionamiento del navío. Las familias de los marineros pueden vivir de estos subsidios durante una parte de su ausencia. Los miembros del Estado mayor deber ir acreditados de una autorización nominativa para el comercio internacional y la venta de un esclavo, las negociaciones, así, no pueden ser mejores.

 

6º día: salida del barco rumbo a África. Si todo va bien, volverá en 15 o 18 meses.

Europa y la trata de esclavos 

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